Ringo es un samoyedo de aproximadamente cuatro años cuya historia comenzó en Puerto Montt. Hoy inspira a miles de personas, pero hubo un tiempo en que simplemente intentaba sobrevivir.
Esta es su historia, contada por quienes lo acompañamos todos los días.

La vida de Ringo cambió para siempre el día en que su propio dueño lo atropelló.
Durante los cinco meses siguientes no recibió atención veterinaria. Sobrevivió arrastrándose por el suelo, mientras las heridas se infectaban y el daño avanzaba lentamente. Cuando finalmente fue rescatado, las infecciones ya habían alcanzado el hueso y su columna presentaba un daño neurológico permanente.
Afortunadamente, hubo personas que decidieron no mirar hacia otro lado.
Un grupo de vecinos intervino al ver el estado en que se encontraba y logró que Ringo fuera entregado a Sophia, rescatista del @santuariodebananna. Ese fue el momento en que su historia comenzó a cambiar.
Gracias a su dedicación y a meses de cuidados intensivos, Ringo tuvo por primera vez una verdadera oportunidad de vivir.
El camino estuvo lejos de ser fácil. Ringo pasó varios meses hospitalizado mientras los veterinarios intentaban controlar las graves infecciones que afectaban su cuerpo.
Para salvarle la vida fue necesario amputar una de sus patas traseras. En la otra perdió dos dedos y quedó con una importante atrofia muscular, producto del largo tiempo que pasó sin poder utilizarla.
Fueron meses de cirugías, curaciones y rehabilitación. Aun así, nunca perdió esa personalidad dulce, tranquila y cariñosa que hoy enamora a todos quienes lo conocen.
Tiempo después, una publicación de Instagram del Santuario de Bananna hizo que su historia llegara hasta nosotros. Nos enamoramos de Ringo incluso antes de conocerlo en persona.
No vimos un perro definido por sus heridas, sino uno con enormes ganas de vivir y muchas páginas por escribir. Así llegó a nuestra familia y comenzó una nueva etapa, esta vez rodeado de amor, paciencia y esperanza.
Hoy Ringo vive en Santiago junto a nosotros y a su hermano Likán. Le encanta salir a pasear en sus rueditas, conocer personas, recibir cariño y descubrir nuevos lugares. Continúa con fisioterapia y distintos tratamientos para fortalecer su cuerpo y recuperar la mayor movilidad posible.
Cada pequeño avance —un músculo que responde, un mejor equilibrio, un movimiento nuevo— es una celebración. Porque detrás de cada logro hay cientos de horas de trabajo y muchas personas que han decidido acompañarlo en este camino.
El mayor sueño de Ringo es volver a caminar.
Sabemos que el camino será largo y que no existen garantías, pero también sabemos que cada sesión de rehabilitación, cada tratamiento y cada persona que comparte su historia hacen posible seguir intentándolo.
Ringo ya sobrevivió a lo más difícil. Ahora comienza la parte más bonita: construir, paso a paso, la vida que siempre mereció.
Esta historia recién comienza.
Ayudá a escribirla →Todo empezó con una historia de Instagram.
Era una tarde de abril y estaba caminando mirando el teléfono cuando apareció una historia de Instagram del Santuario de Bananna. En ella había un samoyedo hospitalizado justo después de enfrentar la amputación de una de sus patas.
Me impactó profundamente. Creo que fue imposible no compararlo con Likán, nuestro samoyedo de un año y medio. Eran dos perros de la misma raza, muy parecidos físicamente, pero con vidas completamente distintas.
No pude seguir caminando. Me senté en una banca y se me caían las lágrimas. Inmediatamente le escribí a Sophia para entender qué había pasado con Ringo y cómo podía ayudar.
Ringo estaba hospitalizado y todavía no lo conocía. Pero desde ese día empecé a seguir muy de cerca su recuperación. Esperaba las historias que subía el Santuario, buscaba noticias sobre cómo seguía y, cada vez que podía, colaboraba con sus cuidados.
Era una sensación difícil de explicar. Sentía que Ringo ya era parte de mi vida. Muchas veces llegaba a la casa y hablaba de Ringo con Ander. Creo que al principio pensó que era una emoción pasajera. Pero pasaban los días y yo seguía hablando de él exactamente igual.
No había un día en que no pensara en él. Y aunque todavía no sabía si algún día lo adoptaríamos, tenía muy claro que quería conocerlo. Si no terminaba siendo parte de nuestra familia, igual quería acompañarlo de alguna manera. Sentía que, de una forma u otra, iba a ser parte de su vida.
Había otra razón por la que todo esto me removía tanto. Meses antes había llegado Likán a nuestra familia. Lo compramos en un criadero, en una decisión bastante impulsiva y poco planificada.
Con el tiempo descubrimos que ese criadero no hacía las cosas bien. Likán llegó desnutrido y nos tomó mucho trabajo sacarlo adelante. Esa experiencia nos hizo reflexionar muchísimo sobre la adopción y sobre la responsabilidad que implica traer un perro a tu vida.
Creo que por eso me costaba tanto mirar a Likán, feliz, sano y rodeado de amor, y al mismo tiempo pensar en Ringo, un perro prácticamente igual, pero con una historia completamente distinta. Sentía que, si algún día llegaba otro perro a nuestra familia, tenía que ser a través de la adopción.
Cuando se acercó mi cumpleaños, le pedí una sola cosa a Ander. Que quisiera viajar conmigo a Puerto Montt para conocer a Ringo.
Solo quería abrazarlo. Compartir un rato con él y también ver cómo era junto a Likán. Si sentíamos que era lo correcto, seguiríamos adelante. Si no, al menos sabría que lo había conocido.
Ander no dudó y ese fue mi regalo de cumpleaños. El que terminó siendo el mejor regalo que hemos recibido los tres.
La primera noche fuimos a conocer a Ringo nosotros solos, sin Likán. Lo abracé por primera vez y sentí exactamente lo que había imaginado durante todos esos meses. Era un perro increíblemente noble, cariñoso y lleno de ganas de vivir.
Al día siguiente llegó el momento que más esperábamos: presentar a Likán y a Ringo. Los dejamos conocerse en el patio donde nos estábamos quedando. Después de unos minutos de olerse y mirarse, empezaron a jugar como si se hubieran conocido toda la vida.
Parecía una película. Ahí supe que era parte de nuestra familia. Pero, siendo honesta, creo que mi corazón había tomado esa decisión mucho antes.
La tomó aquella tarde de abril, sentado en una banca, cuando vi por primera vez la historia de un samoyedo llamado Ringo.








¡estira!
y muchos más...
Próximamente
Estamos preparando la tienda con remeras, tazas, stickers y peluches de Ringo. Cada compra ayudará con sus cuidados y tratamientos.
Enterate por Instagram →
Próximamente
Muy pronto vas a poder acariciar a Ringo, darle premios y verlo festejar en pantalla. Cada premio será una donación real que ayudará al Ringo de verdad.
Enterate por Instagram →





